Cómo trabajar en comunicaciones cambió mi vida

Hace mucho deseaba escribir este artículo. Realmente, esto es algo que deberían saber quienes recién empiezan en este gran (y a veces confuso) mundo de las comunicaciones.

Y aquí les contaré por qué.

La alta competencia te fuerza a ser innovador y perseverante

Es difícil postular a un trabajo y encontrar a otras 300 personas que buscan el mismo puesto que tú.

Algunos tienen muchos años de experiencia laboral, otros vienen de buenas universidades y otros son recomendados por excompañeros o amigos de quienes toman las decisiones en la empresa.

Y luego estás tú: alguien con poca experiencia que proviene de una universidad regular y sin contactos.

Estar en esta situación me hizo pensar mucho en lo que debería hacer para conseguir un buen trabajo.

Tras consultar con varios profesores y familiares, me di cuenta que la clave está en ser innovador y perseverante.

Sí, dos palabras muy sencillas que te hacen preguntarte qué es aquello que necesitan las empresa que los comunicadores no suelen tener.

En mi caso, decidí aprender desarrollo web con WordPress. ¿El resultado? Luego de mucho buscar, conseguí trabajo en menos de dos semanas.

Esto también lo apliqué en mi vida y cuando fui especializándome en marketing. Tus clientes o empleadores quieren resultados y una forma de poder brindárselos es haciendo lo que muy pocos hacen. Buscar donde nadie busca o ver lo que nadie ve es el primer paso para innovar. Pero, en definitiva, nada de esto sería posible sin una gran dosis de perseverancia.

La mala percepción de la carrera fortalece tu caracter (o te condena a ser explotado)

Si eres tímido, no te gusta hablar en público o defender tus ideas es bastante probable que tus superiores (o incluso compañeros) se aprovechen de ti.

Algo que aprendí en mis años de trabajo es que quien pueda “explotarte” lo hará si se lo permites.

Sí, es una verdad bastante difícil de asumir, especialmente si te rodeas de buenos amigos o familiares, pero, en un entorno de trabajo, es necesario ganarse el respeto de los demás.

En mi caso, llegué a trabajar en varios ocasiones con ingenieros y administradores, y algunos de ellos (que incluso eran gerentes) tenían una mala percepción de la carrera, aduciendo que era fácil, que cualquiera podía hacerlo o que no era “tan importante”.

¿Cómo cambiar esta mala percepción? No es sencillo, pero esto es lo que aprendí: uno, mostrar resultados y demostrar cómo tu trabajo beneficia a tu empresa/cliente, y dos, defender con firmeza y profesionalismo tu trabajo.

Esto último es algo que aplico en mi vida hasta ahora. Las personas no creerán en ti porque eres tú, sino por tus logros y tus resultados demostrables.

Si logras aumentar las ventas en un 30%, mejorar significativamente la reputación de una marca o si logras reducir costos en tu área sin afectar el desempeño, pues felicidades, estás demostrando algo que pocos consiguen.

El talento es cuestión de “actitud”

Luego de muchos años reclutando personal, formando parte de diversos equipos de trabajo y gestionando yo mismo proyectos propios, he llegado a la conclusión que lo que conocemos como talento es más bien un tema de “actitud”.

Pero, ¿por qué “actitud” entre comillas? Porque, al menos en varios países de Latinoamérica, se entiende este término como una característica de aquella persona que es muy comprometida, dedicada y con una alta predisposición para aprender.

Ciertamente, aquello que uno aprende en la universidad no es suficiente para lo que realmente requiere su puesto de trabajo. Es aquí donde la habilidad de uno para aprender herramientas o metodologías de trabajo nuevas es vital.

Por ejemplo, en mi tercer trabajo tuve que aprender a utilizar el CRM (Customer Relationship Management) de la empresa para subir información de clientes potenciales. Este sistema era algo totalmente nuevo para mí y tenía que entenderlo a la perfección en muy poco tiempo.

En otras ocasiones, tuve que crear yo mismo un mini-sistema en Google Sheet para el envío de leads a asesores de venta.

No se trata de qué tanto sabes ahora, sino de qué tanto puedes aprender en un tiempo limitado.

Y esto lo apliqué también en mi vida. Con una actitud adecuada, puedes aprender a cocinar o manejar tus finanzas personales en muy poco tiempo, tal cual lo hice.

Como dice un viejo refrán: “la disciplina supera a la inteligencia”.

Intenta y prueba hasta alcanzar tus objetivos

En el marketing, uno empieza con campañas de prueba sobre la base de ciertos indicios (el público objetivo que el cliente cree que comprará su producto).

Si la campaña falla (o el costo para llegar a un cliente es demasiado alto), se prueban otros públicos y, de forma permanente, en una campaña de pauta publicitaria (Facebook Ads, Google Ads), siempre se testean públicos nuevos (y contenidos nuevos) hasta que logramos descubrir ciertas pistas de “aquello que funciona”.

Por ejemplo, las fotos de personas adquiriendo el producto pueden funcionar mejor que las fotos de solo el producto. O, la publicidad enfocada a millenials puede funcionar mejor que aquella dirigida a la Generación Y.

El camino al éxito (encontrar al cliente ideal y al contenido que asegurará su compra) está lleno de intentos fallidos (campañas de testing, pruebas A/B).

Sin embargo, esta realmente es una enseñanza de vida.

No siempre tu primer trabajo será el mejor que tendrás, no siempre tus primeros amigos serán los más confiables o tu primer romance aquel que te hará más feliz. La mejor forma de encontrar lo mejor es intentando, experimentando y evaluando. Esta es la fórmula del marketing que tengo como mantra en mi día a día: intenta hasta que tengas éxito.

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