Los Géneros Periodísticos

Los géneros periodísticos son los mismos para todas las especialidades periodísticas. Los autores dan diversas clasificaciones, razón por la cual mencionamos solo algunas.

En el libro Manual de géneros periodísticos se explica la existencia de seis géneros periodísticos. Liliana María Gutiérrez Coba (2005) señala que el primero de ellos es la noticia, a la que reconoce como el más tradicional de todos los géneros. A su parecer, una noticia en la actualidad debe poseer tres elementos fundamentales: información detallada sobre el hecho en cuestión, antecedentes y consecuencias de ese hecho y comparaciones con casos similares ocurridos con anterioridad.

Además, reconoce dos partes en la noticia: la entrada o “lead” (primer párrafo donde se describe la información principal del hecho y se responden las clásicas preguntas del qué, quién, cómo, cuándo, dónde, por qué o para qué) y el cuerpo (párrafos restantes donde se explican los detalles de lo ocurrido).

En la noticia no se aplica el relato cronológico, sino que se empieza por el resultado del hecho, por el final de la historia. Así, por ejemplo, para dar una información de un partido de fútbol se empieza por el resultado del partido, por informar quién ganó y con qué marcador. Si se trata de unas elecciones políticas, el comienzo de la noticia deberá decir qué candidato salió electo, etc. (p. 51).

El segundo género que Liliana María Gutiérrez Coba (2005) explica es la entrevista, a la cual considera uno de los géneros más complejos y ricos. Reconoce que, si bien muchas veces se le relega como simple técnica para obtener información, en realidad le da al periodista la posibilidad de entrar en el campo del análisis y profundizar en temas y personajes. Enfatiza que la entrevista es la reproducción de un diálogo, una conversación en la que se suceden preguntas y respuestas de forma natural.

En ningún caso se trata de un interrogatorio destinado únicamente a la obtención de datos. Añade que el éxito de una entrevista radica en tres acciones: saber preguntar, saber escuchar y saber observar.

La entrevista como tal, se define entonces como la transmisión (televisiva o radial) o reconstrucción (escrita) del encuentro que se da entre el periodista que solicita informaciones a una o varias personas, generalmente expertas en el tema que se va a tratar, o de quienes, por su relevancia social, interesan sus opiniones sobre diferentes aspectos de la actualidad. También la entrevista puede buscar formar en el público una idea de cómo es la persona entrevistada: interesan entonces las palabras y cómo se dice, independientemente de su estricto contenido. (p. 60)

El tercer género que se explica en el texto mencionado es la crónica. Al respecto, Alberto Salcedo Ramos (2005), indica que este género le permite al periodista trascender más allá del simple recuento de hechos y pasar a contar historias perdurables en el tiempo al sumergirse en la realidad y el alma de las personas.

Asevera que se trata de uno de los géneros periodísticos más exigentes, pues para dominarlo se requiere combinar dotes de escritor (creatividad estilística) con la habilidad de investigar (despliegue de profundidad). Precisamente este tamiz literario hace que las crónicas sean subjetivas en cierta medida, pues siempre se hace presente el “pincel del pintor” (en este caso el periodista) al momento de interpretar lo ocurrido.

El manejo del tiempo no necesariamente debe ser lineal. El cronista tiene licencia para comenzar por la parte de la historia que estime más conveniente para sus necesidades narrativas. Por ejemplo, puede incluir al principio la muerte del personaje y luego devolverse a contarnos cómo fueron las primeras horas del día en que sucedieron los hechos. En todo caso, aunque los acontecimientos no se narren en el mismo orden en que se presentaron, al lector le debe quedar claro qué fue primero y qué fue después. (p. 90).

El cuarto género, calificado como “género estrella” por Jesús Erney Torres Loaiza (2005), es el reportaje. Se trata de un relato rico en información y preciso en detalles que le permite al lector conocer todas las versiones de los involucrados en el hecho reportado.

Las características de un buen reportaje son la investigación, descripción, información y documentación, todo lo cual es posible gracias a la abundancia de fuentes. Además, el reportaje también se caracteriza por el estilo directo en que se presentan los hechos y el afán del periodista de ser lo más objetivo posible al momento de explicar un problema, contar un suceso o plantear una hipótesis.

Asimismo, el reportaje puede valerse de otros géneros periodísticos y estar compuesto de crónicas, noticias, entrevistas, etc.

Un reportaje sobre los barrios de invasión y la presunta participación de políticos en el patrocinio de esas actividades requiere: testimonios de las autoridades de planeación urbana, la versión de los hechos de los invasores, los dueños de los predios, los políticos señalados, los voceros comunales locales, otras autoridades implicadas. Además, un contexto muy claro sobre los antecedentes de esas prácticas, no sólo en el lugar de la discordia, sino en otros sitios de la región o ciudad. (p. 123).

El quinto género, según lo publicado en el libro, es la opinión, la cual reúne a tres subgéneros: el editorial, el artículo y la columna. Jairo Valderrama Valderrama (2005), explica que en todos ellos el periodista se convierte en un formador de opinión a través del planteamiento de argumentos, todo en pos de un único objetivo: la verdad.

El editorial es la voz del diario con respecto a determinado tema. Aparece todos los días y el encargado de su redacción es el director del medio. Por su parte, el artículo tiene periodicidad irregular, desarrolla temas actuales y posee un estilo libre. Jairo Valderrama (2005) asegura que tendrá una mayor eficacia si contiene datos de viajes, lecturas o experiencias vividas por el periodista. De otro lado, la columna, cuya periodicidad es definida (diario, semanal, etc.), contiene un vaticinio o una explicación, para lo cual se sugiere, expone, refuta, ataca o defiende, siempre manteniendo orden y respeto en la redacción.

Pero, ¿en qué consiste la argumentación? Y, por supuesto, ¿cómo se torna en fundamento de los géneros de opinión? La trascendencia de las respuestas a tales preguntas se enmarca de manera esencial en la verdad. Esencial, porque si el propósito resulta distinto, la intencionalidad sale del ámbito del periodismo. Mejor: si la tarea periodística no entraña la verdad como objetivo indestronable (y, por ende, no apunta al bien común), la actividad que se adelanta, entonces, no es periodística; o resulta ser un remedo del periodismo. (p. 140).

El sexto y último género es la crítica, la cual, según explica Jairo Valderrama (2005), no debe ser entendida como un acto que conduce a sacar a relucir los defectos de lo que se analiza. Todo lo contrario, se trata de valorar las obras humanas, concebidas en materia, sonido o imágenes, siempre manteniendo la ecuanimidad y el respeto al momento de identificar los méritos o deméritos del creador de la pieza.

Obviamente el periodista encargado de efectuar una crítica debe, además de amar el arte, estar imbuido en el ámbito cultural, es decir, conocer las últimas realizaciones artísticas en cuanto a danza, teatro, música, escultura, pintura, gastronomía, literatura, cine, etc. Lamentablemente, hay una tendencia creciente de relegar este género.

Este recurso periodístico se relega en los medios masivos de comunicación. Las revistas especializadas en temas culturales, por supuesto, desarrollan esa tendencia a la crítica. Sin embargo, esa misma especialización limita el acceso a la mayoría de lectores. El cultivo del arte lo sepultan el deporte, la política internacional, el horóscopo o los diseños de verano. (p. 167)

Se puede aseverar que este último género periodístico es el único que, por su propia naturaleza, queda descartado de poder ser desarrollado en los diarios deportivos.