Objetividad y Veracidad en el Periodismo

La objetividad periodística debería ser una de las bazas de todo medio informativo, no sólo en la teoría. Según el paradigma positivista de la información, “como resultado del cientificismo del siglo XIX (Koyré, 1979) y el neopositivismo del siglo XX (Ayer, 1965)” (Zanotti, 2013), la verdad es la adecuación de las proposiciones con los hechos. Esta adecuación con los hechos es la garantía de la objetividad. Esta objetividad tiene que ver con un método científico.

Según lo entiende el neopositivismo, por el cual la realidad son los “datos”, en los cuales no participa el sujeto cognoscente sino como receptor y emisor/copia de los datos. Esos datos deben ser preferentemente estadísticos y numéricos y, cuando no, deben limitarse a un supuesto hecho incontrovertible, tal como “Obama asumió su segundo mandato”. El sujeto no debe deformar el mensaje con sus propias interpretaciones religiosas, filosóficas, literarias, etc. Si lo hace, entra en el terreno de la interpretación y debe advertir que está interpretando o, de lo contrario, estaría deformando la verdad. Las humanidades son subjetivas; las ciencias son objetivas y la cientificidad de las ciencias sociales es indispensable para que estas no caigan en el terreno de la mera especulación filosófica. (p. 28).

Por lo tanto la información objetiva, basada en este paradigma queda consolidada como la única garantía de verdad que tendría el comunicador social. Los medios, por su parte, habitualmente se presentan a sí mismos como objetivos; o, si no, como comentadores de hechos que sí son objetivos. Gabriel Zanotti (2013) sostiene que en la medida que crean en ello, se autoengañan y engañan a la audiencia, “porque nadie habla sino desde un horizonte y —como Habermas (1987) bien ha enseñado— una norma esencial del diálogo es la autopresentación de sí mismo” (p. 38).

Cabe destacar la línea editorial como como seña de identidad de los medios, la cual está reflejada en el contenido de cada producto periodístico que “plasma los principios estatutarios del medio en la selección, valoración, elaboración y presentación de todas y cada una de las informaciones (Mariano Cebrián, 1992)” (Fernández, 2015, p. 65). Esta expone de manera dispersa los principios editoriales del medio y deja entrever la importancia que le concede a los hechos con su interpretación.

María Fernández (2015) sostiene que la imagen que el periódico quiere dar públicamente de sí mismo no tiene por qué coincidir necesariamente con la que se reconoce de sí mismo. “Dichos principios editoriales deben estar bien definidos desde el primer número de la publicación, no obstante, cuando la empresa periodística cambia de propietarios o da entrada a nuevos socios los principios editoriales pueden modificarse” (p.70).

Cuando el comunicador ya adentrado en el oficio del periodismo descubre intuitivamente que su subjetividad siempre está en el diseño, en la relevancia y en el modo de expresión de la “noticia”, y si, además, trabaja en una empresa donde hay una gerencia que decide la línea editorial, entonces, al haber supuesto que la verdad es incompatible con todo ello, puede entrar en una crisis de escepticismo. A diferencia del concepto verdad que los teóricos filósofos definen como ‘adecuación con la realidad’, para Zanotti (2013) pasa a ser “una imposible ilusión de sus ingenuos profesores de filosofía que ignoran ‘cómo funcionan los medios’” (p. 38).

Ruiz y Llera (1993) describen la objetividad, más que imposible es indeseable; para Rodríguez Borges (1998) es un mito y, además, imposible en términos epistemológicos, y para Medina Montañez (2002) es una especie de juguete en manos de la propiedad: “…la objetividad de la prensa equivale a iniciar el proceso informativo desde la posición ideológica que ya tenga asumida el periódico, es decir, desde sus dueños…” (párr. 66). Para José Dader:

La afirmación de que la objetividad es imposible y en consecuencia el periodista debe mejor conformarse con pretender ser honesto empezó a repetirse como un mantra por todas las escuelas de periodismo y sigue en la boca de la mayoría de quienes presumen ser maestros o gurús de periodistas. (2007, p. 38).

Estas afirmaciones refieren que la objetividad es una idea imposible, indeseable, mítica y, finalmente –lo más grave–, está manejada por los empresarios, que son quienes acaban sirviendo la dieta comunicativa, pasada por sus intereses de negocio, o se admite su imposibilidad sin más.

No obstante, Zanotti (2013) propone una hermenéutica realista posible para la conciencia crítica del comunicador y su capacidad de verdad:

  1. No hay hechos, hay mundo de la vida.
  2. Cuando el comunicador escribe un mensaje, ya interpreta, pues lo escribe
    desde su horizonte de comprensión.
  3. Cuando decimos “escribe” estamos incluyendo todo lo que las actuales
    tecnologías de la comunicación implican en cuanto al diseño del mensaje.
  4. Desde ese horizonte están dadas la selección y la relevancia de las realidades intersubjetivas a comunicar.
  5. El comunicador siempre es “activo” en tanto su subjetividad siempre se
    introduce en el mensaje; puede ser “pasivo” si carece de conciencia crítica de los horizontes que están en juego.
  6. De ese horizonte depende el juego de lenguaje que utiliza.
  7. Cuanta mayor sea la radicación existencial (es decir, cuanto más propio
    sea el mundo habitado) mayor será la capacidad de verdad del comunicador del mundo del que habla.
  8. La audiencia tiene el mismo proceso: interpretará el mensaje según su
  9. Si los horizontes de emisor y audiencia son muy alejados, las posibilidades
    de malentendido e incomunicación serán mayores. Al contrario, cuanta mayor sea la intersección de horizontes, la comunicación será mayor, bajo significados analogantes. La audiencia puede ser “pasiva” en la medida que padezca alienaciones respecto de la persona del comunicador, pero siempre es “activa” en cuanto pone en juego su horizonte.
  10. El sentido del mensaje está en el contexto pragmático entre emisor y
  11. Como vemos, nada de esto obsta a la verdad del mensaje. Que Obama sea presidente de los Estados Unidos es perfectamente verdadero, pero para ser dicho tiene que interpretarse qué significa ser presidente en los Estados Unidos, de donde emergerá también la relevancia del mensaje y su diseño.

En este sentido, de acuerdo a lo expuesto por Gabriel Zanotti, el periodista tendrá que formarse muy bien para defender su propia visión del mundo, que considere verdadera. Deberá tener suficiente conciencia crítica de sus propios presupuestos y saber que para defenderlos tiene que estar muy bien formado en filosofía en vez de pedir una estadística. Estará mejor defendido de gobiernos que lo acusen de ‘des-informar’ a la audiencia, pues sabrá muy bien que en una sociedad libre hay varias visiones del mundo en debate.