Relación entre periodistas y políticos

Los políticos ofrecen a los periodistas materia de información para la elaboración de sus productos informativos. Gaye Truchman, citado por María Montero (1987), anota que son las verdaderas fuentes privilegiadas de la actualidad periodística ya que constituyen un foco constante de generación de noticias al que la profesión periodística difícilmente puede renunciar. Respecto a la noción la noticia, Truchman refiere que esta se fundamenta en:

[…] una historicidad propia que, por un lado, refleja distintas relaciones en lo público/privado, y, por otro, posee distintas valoraciones del término «hecho». Objetiva los sucesos susceptibles de convertirse en noticia y los inserta en una clasificación de lo que es noticiable. Institucionaliza movimientos o fenómenos sociales que, como el feminismo, son en principio problemáticos y los integra en su propia escala de valores. Finalmente, crea también un rol social: el del periodista, cuyo atributo esencial y más importante es la objetividad, y le confiere un estatus social que será mayor cuanto más alto sea el nivel de sus fuentes de información (Montero, 1987, p. 314).

Ambos sistemas gozan de la capacidad de determinar los contenidos, prioridades y límites en la esfera pública central (y mayoritaria), que tiende al consenso: consciente el poder asentado de las instituciones políticas, informativas y demoscópicas (Sampedro, y Resina, 2010, p. 152). En tal sentido, los medios periodísticos asumen una doble condición, como sujeto activo y como arena política, es decir, como plataforma en la que se escenifica la política. Andreu Casero concluye esta relación como un binomio imprescindible, marcado por una compleja red de influencias recíprocas e interdependencias (Casero, 2008, p. 113).

Casero (2008) sostiene que la relación entre el sistema mediático y el político puede asumir formas muy diversas. El sistema mediático adquiere un papel clave en tanto que sea una infraestructura funcional para el desarrollo de la actividad política.

Con el fin de aproximarse a cuestionarse estas dinámicas, caracterizar y describir las interacciones entre ambos ámbitos, Casero identifica cinco modelos de relación entre periodistas y políticos basada en la articulación de dos grandes ejes: el grado de independencia o dependencia de los periodistas respecto de los sujetos políticos, es decir su nivel de autonomía profesional, y la naturaleza conflictiva o cooperativa de los vínculos que los unen. La intersección de estas dos líneas divisorias permite enmarcar y caracterizar los diferentes tipos de relación que puede originarse entre organizaciones mediáticas y partidos e instituciones políticas.

1° El modelo adversarial, cuya función del sistema mediático estriba en supervisar sistemáticamente la actuación del sistema político e informar de la misma a los ciudadanos, para que éstos puedan obrar en consecuencia. Actúa, así, como contrapeso, desde una perspectiva netamente defensiva. En ese sentido, la relación entre ambos ámbitos se articula a partir de la rivalidad y la desconfianza mutua.

2° El modelo colateral, que se caracteriza por el predominio del paralelismo político. Los periodistas aparecen, aquí, como portavoces de puntos de vista similares a los sostenidos por partidos e instituciones políticas. Pese a que conservan su independencia aparente y formalmente, actúan respondiendo a pautas trazadas por la clase política. El sistema mediático se ve subordinado, así, a la lógica política, perdiendo parte de su autonomía profesional. Hallin y Mancini, citado por Andreu Casero, conciben el sometimiento del sistema mediático, con mayor o menor grado de intensidad en función de cada caso y cada contexto, bajo los parámetros de la instrumentalización política (CASERO, 2008, p. 115).

3° El modelo competición, en que las organizaciones mediáticas buscan un poder de influencia alternativo al detentado por los partidos e instituciones políticas. Los periodistas “hacen política” con los mismos objetivos: el liderazgo de la opinión pública, el consenso, la credibilidad y la legitimación. Para alcanzarlos, los periodistas están dotados de un elevado grado de autonomía y se encuentran distanciados de los sujetos políticos, con quienes rivalizan. La competición entre ambos sistemas puede asumir, en algunas ocasiones, otras formas, asociadas a una naturaleza de carácter cooperativo.

La espectacularización de la política ha sido mostrada, principalmente, en la plataforma televisiva, en contextos de elecciones políticas presidenciales o locales y regionales principalmente.

4° El modelo de intercambio, que resulta de la necesidad recíproca y provoca que tanto los actores mediáticos como los políticos prefieran el acuerdo al conflicto. Se instaura una colaboración táctica a largo plazo, orientada a la obtención de beneficios para ambas partes. En estas condiciones, en muchos casos, la relación entre periodistas y políticos se conforma desde de los parámetros del clientelismo.

Este modelo se ejemplifica en el marco de la dictadura de Alberto Fujimori en la década del noventa cuando se emprendió una concentración de facto de la prensa, hecho por el cual fue condenado tras una corroboración judicial en el caso de los diarios chicha.

5° El modelo de la negociación constante. entiende la relación entre periodistas y políticos como el fruto de la interacción continua entre estos dos sistemas sociales dotados de relativa autonomía. El periodismo no está subordinado a la política ni a la inversa, aunque esta situación puede alterarse en función de la naturaleza y la forma que tomen las interrelaciones entre ambos ámbitos.

No se limita únicamente a transmitir las actividades del sistema político, sino que contribuye a moldear su presentación pública y su significado social. Las rutinas y procesos de producción de la información, por un lado, y la función de selección periodística, por otro, introducen variaciones en los mensajes políticos, que sufren diversas alteraciones que inciden en su percepción y relevancia pública (Casero, 2008, p. 118).

Los dos sistemas se hallan unidos por transacciones incesantes e interrumpidas. Esto se debe, entre otras causas, a su vinculación con la construcción de la actualidad periodística. Dichas transacciones de dividen en tres niveles:

Nivel A) Relación inter-sistema, es decir, entre sus respectivos sistemas desde posiciones de relativa autonomía y en el marco de múltiples y recíprocas influencias.

Nivel B) Engloba las interacciones internas a cada sistema o negociaciones intra-sistema. Junto a las transacciones globales, propias del nivel anterior, existen numerosas interrelaciones instauradas entre los actores integrantes de cada uno de estos ámbitos. Los diferentes medios periodísticos despliegan abundantes intercambios, dando forma al sistema mediático. Jordi Berrio, citado por Casero, detalla que no es sólo la suma de medios y tecnologías para la elaboración y difusión de informaciones y otros productos, sino que también engloba las influencias, las interacciones y las sinergias que mantienen sus integrantes.

Por ejemplo, entre ellos existe una elevada interdependencia ya que los diarios recogen las noticias tratadas el día anterior por la televisión y ésta incluye en sus espacios la lectura de los titulares de portada de los principales rotativos radiales, por citar un ejemplo. Esta repetición de, prácticamente, los mismos contenidos en diferentes medios, contribuye a la fijación de eventos y significados en la memoria colectiva, estructurando las prioridades ciudadanas mediante la configuración de una agenda pública fuertemente unitaria.

En el caso de los medios periodísticos, entre el M1 y el M2 puede reinar una colaboración fluida, mientras que, paralelamente, entre el M1 y el M3 pueden aflorar las desavenencias. Y, así, sucesivamente. El establecimiento de este tipo de relaciones depende, en gran medida, de la competencia que exista en el seno de cada sistema.

Nivel C) Interacciones intra e inter-sistema. Se incluyen, aquí, tanto las transacciones internas a cada uno de los ámbitos como las activadas entre los periodistas y los sujetos políticos. Así, cada actor periodístico se interrelaciona con el resto de integrantes del sistema mediático y, paralelamente, establece intercambios con los diferentes componentes del sistema político de manera individualizada. El conflicto y la competencia resultan perfectamente admisibles, e incluso, en determinadas ocasiones y contextos, frecuentes. De manera que los niveles se conforman de la siguiente manera:

La transacción constante entre el periodismo y los actores políticos, que, generalmente, pasa inadvertida a los ojos de los ciudadanos, es clave en la configuración de la esfera pública central. Su preeminencia pone el acento sobre la importancia de la negociación continua de los significados y sentidos sociales vinculados a la acción política.

Todo este diverso, complejo y multidireccional conjunto de interacciones resulta fundamental en la construcción de la realidad política que es transmitida a la colectividad por el sistema mediático y que contribuye a estructurar, en gran parte, el conocimiento sobre la política existente en la sociedad.